Campanas, Relojes, Pararrayos y Sistemas Antiaves

LAS CAMPANAS DE LA CATEDRAL LUCEN NUEVA CARA

Los diez bronces, desde octubre en un taller de Valencia, volverán a Pamplona en junio

Los técnicos han devuelto el sonido a la «Gabriela», que estaba rajada desde tiempo inmemorial

Aspecto actual de la campana «Gabriela», en el taller de Valencia. A su lado, la de las Horas. DN

PILAR FDEZ. LARREA . PAMPLONA . Martes, 25 de mayo de 2010 – 02:23 h.

Javier Calero tiene 37 años, es ingeniero industrial y ha sido la primera persona contemporánea en escuchar el sonido de la Gabriela, la mayor de las diez campanas de la catedral de Pamplona restauradas en su taller de Massanassa, en Valencia y la única agrietada desde tiempo inmemorial. Los bronces están ya casi listos para emprender viaje de regreso a casa. Volverán a finales de junio, aunque no ocuparán su lugar en las torres hasta que finalice la reforma de la fachada.

Entretanto, se podrán ver en una exposición abierta el público en la misma seo.

Los bronces lucen ya nueva cara. La mitad de las campanas están embaladas para impedir afecciones exteriores. Francesc Llop supervisa la restauración de los bronces, trabajo que llevan directamente Javier Calero y Antonia Molina, responsables del taller «2001 Técnica y Artesanía», donde trabajan diez personas. Los expertos en patrimonio de la fundación Caja Madrid, entidad que auspicia la obra, dirigen el proyecto.

Un proceso complejo

Los técnicos subrayan la complejidad de la restauración, empezando por los soportes de madera que sujetan a las campanas, los yugos. Se encontraban muy deteriorados, sobre todo porque las chapas metálicas de protección exterior resultaron una fuente de entrada de humedad, con la consiguiente afección a las piezas. «Muchas estaban podridas», reconoce Javier Calero. En todo caso han podido recuperar cinco yugos prácticamente completos. «En otros han servido la mitad de las piezas y algunos son de nueva factura», explica.

Arreglar los herrajes y los ejes también ha sido costoso por la dimensión de las piezas. «Campanas como estas vemos bien pocas», apunta Javier Calero. Tal vez el trabajo más lucido haya sido la limpieza de los bronces. La diferencia, el antes y después, es muy evidente. Las inclemencias meteorológicas y el vaivén de las aves los habían deteriorado y ensuciado mucho. Ahora, una vez limpios y pulidos, muestran todo su esplendor con el color original del bronce. La mayoría están embalados con plástico transparente para evitar afecciones por la actividad propia del taller, pero se percibe claramente su color. En todo caso, Javier Calero advierte que ese tono durará bien poco en contacto con el aire, apenas unos meses. «Eso que les damos una pequeña capa de barniz, pero aún y todo, pasadas unas horas, ya empezarán a perder brillo», asegura.

El periplo de la Gabriela ha sido el más singular. Esta campana, la mayor después de la María (la única que permanece en el campanario), estaba rajada desde tiempo inmemorial. En un taller especializado de Nördlingen, en Alemania, repararon la grieta, de manera que los pamploneses podrán escuchar su sonido. Javier Calero dice que es «imponente, impresionante, por la propia dimensión». Ha oído el de la Gabriela, y el resto, porque todas las campanas pasan por el banco de pruebas, donde las colocan con el fin de comprobar el sonido y para equilibrarlas, «un paso muy importante para garantizar la resonancia correcta».

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